Los suelos más fáciles de mantener limpios son aquellos que tienen una superficie dura, lisa y no porosa, ya que no permiten que la suciedad y las manchas se adhieran con facilidad.

Ejemplos de tipos de suelos más fáciles de limpiar

En general, los suelos lisos, sin texturas profundas y con un buen sellado son los más fáciles de mantener limpios. Sin embargo, es importante recordar que cualquier tipo de suelo necesita mantenimiento regular para mantenerlo en buen estado.

Cómo mantener estos tipos de suelos

Para mantener limpios estos tipos de suelos es importante adoptar una rutina de limpieza regular y usar los productos adecuados. Aquí tienes algunos consejos prácticos para mantener estos suelos en buen estado de limpieza:

1. Barrido o aspirado regular

2. Mopeado húmedo

3. Evitar el exceso de agua

Los suelos sellados, aunque resistentes a la humedad, no deben quedar saturados con agua. Exceso de agua pueda dañar el sellado o filtrarse en las juntas. Siempre asegúrate de que la mopa esté bien escurrida.

4. Eliminar manchas inmediatamente

Si se derrama algo, límpialo de inmediato para evitar manchas difíciles. Usa un trapo suelo para absorber el líquido y, luego, limpia con el producto adecuado (limpiador suave).

5. Evitar productos abrasivos o químicos fuertes.

No uses limpiadores abrasivos, blanqueadores ni productos que contengan amoníaco, ya que pueden dañar el sellado y la superficie del suelo.

Evita el uso de ceras o productos con brillo que puedan dejar una capa pegajosa que atrae más suciedad.

En este artículo os explicamos cómo seleccionar el detergente adecuado.

6. Limpieza profunda ocasional

Realiza una limpieza profunda especialmente si el suelo empieza a perder su brillo. Para ello, utiliza un limpiador específico para el tipo de material de tu suelo y siempre sigue las instrucciones del fabricante.

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